Dime como comes y te dire tu estado de animo

Presumida January 5, 2010 0

Nuestra forma de comer se ve alterada cuando atravesamos un periodo de mayor nerviosismo como un nuevo trabajo, un viaje, un examen médico, una prueba que nos abrirá las puertas de un nuevo curso… ¿Te has preguntado si tu estado de ánimo condiciona a tu alimentación?

Si observas a tu alrededor, a todo el mundo le pasa: una amiga, tu hermano, tu mamá, tú misma, cambiamos el modo de alimentarnos de acuerdo a las tensiones que traemos y modificamos nuestros hábitos alimenticios debido a nuestra ansiedad.

Estado de ánimo = alimentación

Hay quienes cuando están tristes comen menos o no comen, otros en un estado de ansiedad o angustia comen más, de prisa, de forma compulsiva o desorganizada, más dulce o más salado, para calmar los nervios frente a una situación que les desbarata el ánimo.

Lo que sucede es que comer está asociado a la calma: “La comida está muy unida a lo emocional y al afecto, porque la alimentación es el primer vínculo que tenemos con nuestra madre, y en el bebé la succión lo lleva a la calma”

Comemos por hambre o por nervios

Por lo tanto lo importante es prevenir cuándo comemos por hambre y cuándo por nervios. Si has descubierto que comiendo te calmas y fomentas esa conducta, probablemente tienes un problema. Si comes cuando te aburres, también. Y para los expertos éstos son desórdenes alimenticios.

Por lo tanto debes estar alerta para saber si comes porque tienes hambre o porque estás intentando calmar tu estado emocional. Si estás nerviosa debes preguntarte:

  • ¿Como menos o más? 
  • ¿Por qué estoy nerviosa?
  • ¿Qué soluciono comiendo?

No comas para calmarte

A partir de ahí “debemos dejar de usar el comer como única forma de control de la ansiedad”, comenta la psicóloga.

Pregúntate si deseas presionarte o si prefieres manejar la tensión. ¿Quién puede sobrellevar mejor la presión, quien por nervios deja de alimentarse o por el contrario quien come de todo sin parar?

Y cuando te entre un ataque de ansiedad y sientas la necesidad de comer, si no puedes salir a correr, te puedes calmar momentáneamente dando un paseo o dejando el trabajo y haciendo otra cosa que te distraiga por unos minutos.

En todas las edades

Este tipo de conducta tiene que ver con cada persona y no con la edad, pues afecta tanto a niñas como a jóvenes y adultas.

Las niñas: Quienes pasan mucho tiempo solas delante de la televisión tienden a comer de forma compulsiva porque no prestan atención a la comida. Otras empiezan a pedir a los papás golosinas ante situaciones que las ponen nerviosas como un examen.

Las jóvenes: Son especialmente proclives a sufrir este tipo de desórdenes porque la adolescencia es un periodo mucho más sensible.

 Las adultas: No son conscientes de la razón por la que comen y le dan a sus problemas emocionales una respuesta oral como comer, beber, fumar o drogarse.

Los padres pueden frenarlo a tiempo

Los niños no saben diferenciar entre nervios y hambre, por lo que los padres deben estar atentos a las conductas alimenticias de sus hijos para prevenir desórdenes mayores, que no se hagan crónicos y que comer no se convierta en una reacción emocional.

Al detectar el problema, deben ayudarles a encontrar otra respuesta a esa emoción y distraer su ansiedad sugiriéndoles hacer otra actividad como platicar, jugar, correr, andar en bici, salir en patines…

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