Las experiencias nos dan felicidad

Presumida August 1, 2011 0

Los bienes adquiridos dejan de satisfacernos muy pronto. Las experiencias gratas nos hacen más felices que las cosas que adquirimos. El secreto para ser feliz suele estar en los pequeños goces cotidianos que nos pasan inadvertidos.

Pasear al aire libre, disfrutar de la naturaleza, hacer el amor, agasajar al paladar, dormir a pierna suelta. Estimular el olfato, vista, oído, paladar y tacto, así como la mente, las emociones y el espíritu, con caricias tiernas, melodías agradables, colores suaves, infusiones aromáticas. Abrazarse con el ser querido, estar sano.

¿Qué piensas que te hará más feliz y alegrará más tu alma y tu cuerpo?, los anteriores deleites cotidianos, tan sencillos como asequibles, o bien algunos bienes materiales y “objetos de deseo”, como un coche descapotable, una casa en la playa, o un mueble de diseño o el último artilugio de la alta tecnología.

Más disfrutable lo que vives

Aunque nadie duda de que la sociedad de consumo puede tener sus ventajas, como la gran variedad y disponibilidad de bienes materiales adaptados a las necesidades de cada persona, y que muchos objetos pueden ser muy bellos, útiles y estimulantes, probablemente la felicidad de las personas se relacione más con lo que viven y disfrutan, que con lo que adquieren y poseen.

Al menos es lo que sugiere una investigación realizada por psicólogos de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, según la cual las experiencias que vivimos nos hacen más felices que las cosas que adquirimos.

Según el doctor Thomas Gilovich y su colaborador, Travis J. Carter, los bienes adquiridos dejan de satisfacernos pronto por las comparaciones que hacemos con las posesiones de otras personas y por nuestra capacidad de adaptación, que hace que enseguida nos acostumbremos a lo nuevo, mientras que la satisfacción surgida de las experiencias permanece más con nosotros.

Pequeños placeres, grandes recuerdos

Según estos expertos, la felicidad que nos deparan actividades como disfrutar de unas vacaciones o montar en bicicleta es grande de entrada y sigue aumentando al evocar esas experiencias, mientras que la que sentimos cuando adquirimos una televisión de pantalla plana o cualquier otro objeto tiende a desaparecer rápidamente.

Según los psicólogos de Cornell, una de las razones por las que obtenemos un placer mayor y más duradero de lo que vivimos que de lo que adquirimos, es que “nuestras experiencias son más difíciles de comparar con las ajenas porque pertenecen sólo a aquéllos que las han tenido, y son menos vulnerables a comparaciones odiosas como sucede con los objetos”.

Por otra parte, señalan los expertos, la gente puede sentirse menos satisfecha con sus adquisiciones porque tiende a pensar mucho en lo que “podría tener” (un mejor modelo, un mejor precio?) y que objetos no eligieron una vez realizada la compra.

Una satisfacción momentánea

“Cuando compramos algo nuevo, nuestra adquisición nos hace felices inicialmente, pero enseguida nos adaptamos a ella, lo que termina con la felicidad que nos proporcionaba, mientras que otros de gastos como los que dedicamos a experiencias como un viaje, no se ven sometidos a esta capacidad de adaptación.

Para llegar a estas conclusiones Gilovich y Carter, realizaron ocho estudios distintos, en los que analizaron a través de encuestas y cuestionarios el grado y duración de la satisfacción de los participantes tanto provenientes de sus adquisiciones materiales como de sus experiencias vitales.

“Desarrollar actividades placenteras es un objetivo saludable en sí mismo, porque el goce ayuda a generar endorfinas, sustancias que segrega nuestro cerebro y aumentan nuestro bienestar, además de ser una fuente natural de salud, vitalidad y regeneración”, explica el psicoterapeuta y asesor emocional José María Doria.

Señala que “cuando estamos alegres, practicamos alguna actividad que nos produce placer o sentimos algún grado de satisfacción ante un estímulo, nuestro organismo produce unos compuestos hormonales, a veces con efectos más potentes que la morfina, como son las endorfinas Beta o ACTH, las cuales se distribuyen por nuestro sistema nervioso”.

Más feliz, más saludable

Estas sustancias no sólo elevan las defensas orgánicas ante las enfermedades, la degeneración celular y las infecciones, sino que además aumentan el bienestar, combaten el estrés y alivian el dolor, funcionando a la vez como estimulantes, ansiolíticos y analgésicos naturales, según Doria.

Para el director de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, “el placer también resulta terapéutico, por su impacto positivo en la autoestima y toda la dimensión psicológica y emocional de la persona”.

Según el experto, “hacerse consciente del goce, en vez de vivirlo de manera automática, multiplica el disfrute. Por ello es importante darse cuenta en el momento en que uno disfruta: al calmar la sed, al irse a la cama cansado, recibir una caricia física, dar una caminata al sol, o hablar con amigos, diciéndose “que a gusto que estoy, que bien me siento”.

Las “caricias emocionales”, como las que nos brinda alguien cuando reconoce nuestra valía, capacidad o belleza, también son una fuente de goce, que hay que tener en cuenta.

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